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Transcripción
Sevilla es una ciudad de capas superpuestas: cada calle tiene, al menos, tres historias. La primera es la Hispalis romana, fundada junto al río hace más de dos mil años. Todavía se conservan columnas y fragmentos de sus murallas en el barrio de la Alameda y bajo el Metropol Parasol, donde puedes bajar al Antiquarium y caminar sobre mosaicos originales. La segunda capa es la Isbiliya musulmana. Durante más de quinientos años los almorávides y sobre todo los almohades hicieron de la ciudad una capital brillante: construyeron la mezquita mayor, cuyo alminar es hoy la Giralda; levantaron el palacio del Alcázar, cuyos primeros muros aún puedes ver; y trazaron un urbanismo de calles estrechas, patios interiores y agua encauzada que sigue vivo en Santa Cruz y en el centro histórico. La tercera capa es la Sevilla del Nuevo Mundo. En 1503 se creó la Casa de la Contratación, y durante dos siglos toda la plata, el oro, las especias y los libros de América pasaron obligatoriamente por su puerto. Sevilla se llenó de palacios, iglesias barrocas y coleccionistas de arte; Murillo, Zurbarán y Velázquez pintaron aquí. Se calcula que a comienzos del siglo XVII más del quince por ciento de la población era esclava o descendiente de esclavos africanos: esa herencia sigue en la ciudad. Consejo: para sentir estas tres Sevillas en una hora, visita el Antiquarium en Las Setas, sube a la Giralda y termina delante de la fachada del Archivo de Indias, junto a la Catedral. Tres piedras, tres civilizaciones, una sola ciudad.
