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Transcripción
La Semana Santa de Sevilla es mucho más que una manifestación religiosa: es la mayor puesta en escena colectiva del año. Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, alrededor de sesenta cofradías, muchas con más de cuatrocientos años de historia, salen desde sus iglesias para hacer estación de penitencia en la Catedral. Cada cofradía saca uno o dos pasos: enormes andas de madera tallada y plata, sobre los que se colocan las imágenes de Cristo o de la Virgen. Un paso puede pesar más de dos mil kilos, y va cargado por los costaleros, hombres ocultos bajo el paso que caminan al ritmo del capataz. Delante van los nazarenos, con túnicas de colores y capirotes largos que no son ningún símbolo agresivo, sino un signo de penitencia anónima que viene del siglo XVI. Al pasar por ciertos rincones, alguien canta desde un balcón una saeta, un cante flamenco de dolor que hace parar la calle. La madrugada del Viernes Santo, con la Macarena, el Gran Poder, la Esperanza de Triana y el Silencio, es la noche más emocionante y multitudinaria. Consejo de visita: no intentes verlo todo. Elige dos hermandades, mira los itinerarios oficiales, llega con tiempo y busca esquinas estrechas donde el paso casi te roce. Vístete con respeto, no cortes las filas de nazarenos y, si te acompaña un sevillano, déjate llevar: la Semana Santa hay que sentirla, no explicarla.
