Guadalquivir y Paseo Colón

Guadalquivir y Paseo Colón

Río que dio a Sevilla su esplendor americano.

Guadalquivir y Paseo Colón

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≈ 2–3 min

Transcripción

Estás a orillas del Guadalquivir, el río que ha hecho a Sevilla. Su nombre viene del árabe Al-wādī al-kabīr, el río grande, y resume bien lo que significó para la ciudad: una autopista de agua que conectó Sevilla con el Mediterráneo, con el Atlántico y, durante siglos, con América. Aquí, en estos muelles, se cargaban y descargaban las flotas de Indias; aquí llegaba la plata de Potosí y el cacao de Veracruz, y desde aquí salían el aceite, el vino y el hierro de Castilla. El brazo que ves hoy no es exactamente el río original: está canalizado, sobre todo a partir del siglo XX, para evitar las grandes inundaciones que sufría la ciudad. La Corta de la Cartuja, los muros del Paseo Marqués de Contadero o las dársenas modernas son fruto de esa ingeniería paciente. Camina por la orilla y mira hacia el otro lado: enfrente tienes Triana, el barrio marinero, alfarero y flamenco por excelencia. A tu derecha o izquierda, según dónde estés, asoman la Torre del Oro, el Puente de Triana, la Plaza de Toros, el campanario de Santa Ana o el moderno puente del Alamillo. Si bajas hasta el agua, verás canoas, piragüistas y a menudo equipos de remo entrenando. Hay barcos turísticos que ofrecen recorridos cortos comentados; son una manera cómoda de entender la silueta de la ciudad desde abajo. Consejo de visita: el mejor momento es el atardecer, sobre todo desde el puente de Triana o desde la calle Betis. La luz se vuelve dorada, las torres se recortan en el cielo y entiendes, sin que nadie te lo explique, por qué Sevilla nació justo aquí.

Tiempo recomendado

1 hora

Mejor momento

Atardecer

Sobre el lugar

Pasea desde la Torre del Oro hasta el Puente de Triana al caer la tarde. Las terrazas y los paseos en barco son una experiencia clásica sevillana.

Historia

El Guadalquivir (del árabe al-wadi al-kabir, «el río grande») es la razón de ser de Sevilla. Por él llegaron fenicios, romanos y musulmanes; por él partió la flota de Indias a América durante dos siglos. Cuando se desvió su cauce y se construyeron sus muros y puentes en el siglo XX, la ciudad recuperó su orilla como paseo. Sin él no habría Torre del Oro, ni Triana, ni leyenda atlántica.

Qué mirar

Paseo desde la Torre del Oro hasta el Puente de Triana, terrazas de Calle Betis y cruceros fluviales.

Duración recomendada

1–1,5 h

Mejor momento

Hora dorada antes del atardecer.

Ideal para

Paseo romántico, atardecer, fotografía.

Cerca de aquí

Torre del Oro, Plaza de toros, Triana.

Consejo de visita

Cruza a Triana por el puente y vuelve por el otro lado: vistas distintas en cada orilla.

Por qué visitarlo

El alma fluvial de la ciudad.

Consejos

Los cruceros de 1 hora por el río son tranquilos y muy recomendables.

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